lunes, 26 de octubre de 2015

RECETARIO DEL OFICIO DE JUZGAR (VI)



Código judicial o recetario del oficio de juzgar
(Cuarta Parte)

10º.- El juez es un expósito y ha de saberse blanco de veredictos ajenos, aunque esto no signifique que contra él haya barra libre al agravio.
El oficio de juzgar al prójimo es tarea delicada y sensible, pero el insulto al juez crea tensión, malestar y hasta miedo, cosas todas ellas, no previstas en la Constitución.
Los ciudadanos desean respetar a sus jueces y a cambio sólo les exigen que sean respetables, no sólo en el fondo, sino también en las formas.
Que un grupo de jueces firme un manifiesto contra magistrados del Tribunal Supremo porque uno de los suyos es investigado, es mal camino y alarmante señal de injusto exceso.

11.- No puede el juez tener actividades accesorias o complementarias incompatibles con la esencia de su función.
No aceptará regalo alguno, ni privilegio o ventaja que hagan dudar de su honradez. Ha de distinguir lo adjetivo de lo sustantivo. Rechazará cualquier condecoración y distinción que no sea estrictamente judicial. Tampoco practicará turismo judicial ni ocupará, de gorra, asiento en espectáculos varios.

12.- El juez debe admitir la posibilidad de equivocarse.
Errar y estar herrado son cosas muy distintas. Lo primero es de humanos y el juez, como tal, se mueve en el error. No es el error de buena fe sino la injusticia consciente lo que mata a la Justicia. La resolución venal es injusta hasta la iniquidad, porque ningún error se ha cometido al aplicar la ley.

13º.- Ha de ser el juez prudente en sus juicios y hasta huir de su propia voz.
Escribirá siempre con la máxima corrección posible y con total respeto al destinatario de la resolución. Achicharrar a un justiciable, por muy imputado que sea, con el uso de adjetivos a contrapelo, es subterfugio excesivamente torpe y mal camino para tener razón.
  

Fuente: Diario El Mundo